
Caminando por el interior del nuevo apartamento, esperaba la llegada de mi esposo, que llegaría de Europa
justo hablamos por teléfono desde el aereopuerto de Barajas, esperaba su llegada , en cualquier momento,
eran ya las once de la noche.
Por problemas con mi espalda por mi avanzado embarazo no lo fuí a recoger. Tenía 32 semanas.
Era una noche muy oscura, sin luna . Del mes de octubre.
Rechinaba la madera debajo del peso de mis pasos.
Nadie estaba esa noche a mi lado, en esos momentos,
mi madre y hermana, se habían ido unas horas antes a nuestra natal Puebla.
Mi esposo se entusiasmo de comprar ese departamento tan cèntrico, tan amplio, tan elegante.
Me recordaba en algo mi provincia, con sus remates y adornos.
El elevador estaba recién reparado y lucía muy bello.
Este embarazo nos tenía muy felices y la recámara del bebé estaba ya lista, justo al lado de la recámara principal.
De pronto sentí mucho sueño y me recosté pensando descansar unos minutos.
Me quedé de inmediato bien dormida y fueron los gritos de mi esposo y unas escenas algo confusas, en las que recuerdo a una mujer de manos muy largas y mirada fría, que me arrancaba materialmente a mi hijo de las entrañas. Fuè la voz alterada de mi esposo y el dolor intensìsimo que abrieron mis ojos... intenté encender la luz.
La làmpara de buró no emitió la ansiada incandecencia,
Me sentí muy alterada, el sueño y el dolor, la voz de mi esposo, que no estaba conmigo, la mujer de manos largas, con mi hijito entre ellas....
Había una profunda oscuridad que me rodeaba, la ventana hacia el balcón, estaba abierta, ninguna luz en el patio central del edificio. No había Luna esa noche, al parecer la luz eléctrica tenía a nivel general un problema.
Ningún sonido. Desconocía que hora era. Recordé que en el cajòn del buró tenía una luz de pilas.
La accionè y alumbré hacia el reloj de pared. Las 3 .
Habían pasado 4 horas. Mi esposo ya debía estar conmigo. No tenía celular como ahora, me movía hacia el teléfono en el otro buró, cuando un quejido de la madera, me paralizó.
Me pareció que no estaba sola. El dolor en mi vientre se hacía notar de nuevo con tremendo ímpetu.Noté que algo emanaba de mi cuerpo, como si me orinara, dirigí la luz hacia mi entrepierna y horrorizada ví que era sangre,
La pila falló y pensé que mi mente daba un vuelco. No supe más.
Despertè después, rodeada de personas presurosas , lejos de mi departamento, en un hospital.
Mi suegra vestida de negro, me tomó amorosa las manos, sus manos heladas le temblaban .
Me dijo que lo estaban buscando, que nadie sabía bien que había pasado.-" Alguien se llevó a tu bebé, diste a luz, tu solita, cuando te enteraste de la muerte de tu esposo en el accidente"
Nunca encontramos a mi bebè, ya han pasado casí 22 años.
Una pesadilla real entre la turbulencia de una noche sin luna, donde mi esposo desde su muerte en el accidente de aviación me acompañó, un robo de infante recién nacido, donde vislumbré a ese personaje siniestro de largas manos. y oscuro corazón.
Hoy aùn no tolero las noches sin Luna. Siempre tengo pesadillas.
M.Lupercio. Ciudad de México.
Adaptación D. Meyer.